Erase una vez un árbol, que aunque no tenía fruto, no fue desarraigado por su dueño.
Lo dejo entre los árboles que sí tenían fruto. Aunque era un árbol de otra clase y no daba fruto, era tan sumamente bello que el dueño del campo lo dejó y no lo desarraigó.
Un día, el dueño del campo, meditó en su corazón preguntándose… ¿Qué fruto de ese árbol? Él veía que todos los árboles de su campo daban fruto, pero este era diferente porque no daba fruto comestible. En ese día fue el hijo del dueño al campo. Pregunto el padre a su hijo al verlo… ¡Hijo!, estoy preocupado por un sauce que esta entre mis almendros… Añadió… ¿Qué hago?, pues este árbol esta en medio y no da fruto.
El hijo respondió a su padre que era el dueño de todos los árboles… Padre, dadme el árbol. Por favor, regálamelo.
El padre le dijo… Hijo, aunque este árbol no me da fruto; pero porque tú me lo pides, no lo desarraigaré del campo por amor a ti.
Su padre pensó en su corazón… ¿Para qué quiere mi hijo este árbol que no sirve para nada entre mis almendros?
Un día, coma los demás, fue el padre con su hijo para la recogida de los almendros y se fijó en el Sauce.
El Sauce era sumamente bello, pero no daba almendras. El Sauce era muy grande y seguía allí, en medio de los almendros.
El Padre, dueño del campo, ese día termino de recoger todas las almendras con su hijo.
… Hijo mío ya hemos recogido todo el fruto de los árboles… Y añadió… ¡Y Tú!, ¿Qué fruto has recogido de tu árbol sin almendras?…Preguntó el padre.
El hijo le respondió… Padre no tengo fruto ninguno, pero me he sentado de vez en cuando debajo de sus ramas y me he quitado el dolor en mi corazón; pues al tumbarme cerca de sus ramas, he visto su belleza y su grandeza y me he maravillado tanto y tanto que me ha alegrado el corazón que he recobrado ánimo y fuerzas gracias a Él, y de esta, he rendido mucho más recogiendo las almendras.
El padre se animó muchísimo y le dijo… Hijo mío; ya no le desarraigaré jamás, pues este árbol el ánimo como fruto y de esta manera trabajaremos mejor en la recogida de los árboles que dan fruto.
Aunque era un árbol distinto y sin fruto, siempre les protegía de la lluvia, por su grandeza; del sol abrasador en verano y en su hermosura meditaban sus poseías.
Por último, su hijo le preguntó a su padre…¡Padre!, ¿En tu campo hay ahora algún árbol sin fruto?
Respondió su padre y dijo… Hoy estoy contento, pues todos los árboles de mi campo dan mucho fruto…añadió a su hijo…Gracias hijo, pues por ti, este árbol, sigue en mi campo vivo y creciendo.
Después se abrazo a su hijo y lloraron de alegría por el árbol si desarraigar. Luego juntos se marcharon a su casa muy contentos y lo celebraron
martes, 25 de mayo de 2010
La leyenda del árbol sagrado
SE DICE QUE EN JAPON EN LA ERA FEUDAL LOS ESPIRITUS Y LOS MONSTRUOS, DECIDIERON LIBERASE Y ESTR EN LA SUPERFICIE DE LA TIERRA SIN ESCONDERSE DE LA SOCIEDAD, POR LO QUE VAGABAN EN TODAS LAS DIRECCIONES POSIBLES, CAUSANDO DESTRUCCION Y TERROR A SU PASO. DICHOS SERES ERAN TAN PODEROSOS QUE SOLO LAS CUATRO BESTIAS SAGRADAS QUE FUNGIAN LOS COMO LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES.EL AVE DE FUEGO DEL NORTE, EL ZORRO BLANCO DEL SUR, EL DRAGON DEL ESTE Y QUIEN SERIA COMO EL PADRE DE INUYASHA EL PERRO SAGRADO DEL OESTE, SIGUIENDO SU FUNCION, LOS GUARDIANES LUCHARON CONTRA LOS ESPIRITUS Y MONSTRUOS QUE ATORMENTABAN A LA HUMANIDAD, SIN EMBARGO ESTO NO TUVO UN FINAL FELIZ, YA QUE TRES DE LAS BESTIAS FALLECIERON CUMPLIENDO SU DEBER. EL UNICO QUE SOBREVIVIO FUE EL GUARDIAN DEL OESTE, QUIEN TEMEROSO DE QUE SE EXTINGUIERA SU LEGADO, LE PIDE A UNA JOVEN HUMANA EL FAVOR DE CONTINUAR CON SU DESCENDENCIA.
EN EL MOMENTO EN EL QUE EL GUARDIAN LE PROPONE ESTO A LA JOVEN, ESTA EXPERIMENTA SENTIMIENTOS ENCONTRADOS, YA QUE POR UN LADO SE SENTIA COMPROMETIDA POR TAL PETICION, TAMBIEN SE SENTIA HONRADA PORQ ESE GUARDIAN FORMABA PART DEL GRUPO QUE SALVO AL MUNDO. DESPUES DE MEDITARLO, DECIDE ACEPTAR TENER UN HIJO CON EL “PERRO SAGRADO”.
CON EL PASO DEL TIEMPO, LA JOVEN DIO A LUZ A SU ANHELADO HIJO, PERO NO ERA UN NIÑO NORMAL, NO ERA NI BESTIA NI HUMANO, ERA UNA COMBINACION DE AMBAS. ELLA ESTABA CONSIENTE DE QUE EL ERA DIFERENTE A LOS DEMAS PERO AL FIN DE CUENTAS ERA SU HIJO.
SIN EMBARGO NO TODOS PENSABAN DE LA MISMA FORMA, POR UN LADO EN LA ALDEAN LE TEMIAN, YA QUE PENSABAN QUE PODIAN LASTIMARLOS, Y LAS BESTIAS NO LO CONSIDERABAN DIGNO, YA QUE NO ENIA SANGRE PURA. EL NIÑO ESTABA CONSIENE DE SU CONDICION PERO SE SENTIA PROTEGIDO X SU MADRE, QUIEN LO AMABA. PERO NO TODO ES PARA SIEMPRE, YA QUE AL PASAR LOA AÑOS SU MADRE FALLECIO.
PERO ESTE ACONTECIMIENTO FUE EL PREIMERO QUE MARCARIA UNA VIDA LLENA DE DOLOR Y TEMOR, YA QUE UNO DE SUS HERMANOS, EL MAYOR QUE ERA UN MOSNTRUO DE SANGRE PURA DECIDIO ACABAR CON SUS HERMANOS QUE EL CONSIDERABA BASTARDOS. DESPUES DE TERMINAR CON LA VIDA DEL HERMANO PEQUEÑO FUE EN BUSQUEDA DEL HIBRIDO CON LA INTENCION DE MATARLO, SIN EMBARGO EL HIBRIDO SE DIRIGIO A LA TUMBA DE SU PADREE HIZO UNA ESPADA CON UNO DE LOS COLMILLOS DE SU PADRE PARA PROTEGERSE DE SU HERMANO.
EL HIBRIDO PUDO ENFRENTARSE A SU HERMANO PERO AMBOS QUEDARON MUY LASTIMADOS, LLEGANDO A QUEDAR INCONSIENTES.
PERO POR ARTE DE MAGIA, EL HERMANO AL DESPERTAR TENIA FORMA DE HUMANO. EL HIBRIDO CON SU NUEVA APARIENCIA FUE DESCUBIERTO POR UNA BELLA CHICA, CON QUIEN SE DIO EL AMOR A PRIMERA VISTA, DICHO FLECHAZO FUE TAN FUERTE QUE SIN PENSARLO MUCHO DECIDIERON CASARSE Y JURARSE AMOR ETERNO.
PERO LA FELICIDAD DEL HIBRIDO FUE MINADA POR EL MISMO, YA QUE DIAS DSPUES DE LA BODA DECIDIO LLEVARLA AL BOSQUE PARA MOSTRARSE TAL COMO ERA, MITAD DEMONIO Y MITAD HUMANO. SIN EMBARGO LAS COSAS NO SALIERON COMO EL ESPERABA, YA QUE SU ESPOSA AL VER SU VERDADERA APARIENCIA, NO SUPO QUE HACER A PRIMERA INSTANCIA, PERO DESPUES LLENA DE TEMOR Y HORROR, TOMO UNA ESTACA Y LA CLAVO EN EL CORAZON DE SU AMADO, DEJANDOLO UNIDO AL ROBLE MAS GRANDE DEL LUGAR. DESPUES DE TAN ABERRANTE SITUACION, LA MUJER SE QUITO LA VIDA, CON LA FIRME IDEA DE QUE CUANDO LLEGASEN A REENCARNAR, SE ENCONTRARIAN DE NUEVO Y SERIAN FELICES.
Y SI CREES QUE ESTO ES TRAGICO, AUN HAY MAS TRISTEZA, YA QUE LA MUJER IGNORABA QUE EL ALMA DE ESA CRIATURA HABIA SIDO SELLADA JUNTO CON SU CUERPO AL ARBOL, POR LO QUE NUNCA PUDIERON ESTRA JUNTOS OTRA VEZ.
EN EL MOMENTO EN EL QUE EL GUARDIAN LE PROPONE ESTO A LA JOVEN, ESTA EXPERIMENTA SENTIMIENTOS ENCONTRADOS, YA QUE POR UN LADO SE SENTIA COMPROMETIDA POR TAL PETICION, TAMBIEN SE SENTIA HONRADA PORQ ESE GUARDIAN FORMABA PART DEL GRUPO QUE SALVO AL MUNDO. DESPUES DE MEDITARLO, DECIDE ACEPTAR TENER UN HIJO CON EL “PERRO SAGRADO”.
CON EL PASO DEL TIEMPO, LA JOVEN DIO A LUZ A SU ANHELADO HIJO, PERO NO ERA UN NIÑO NORMAL, NO ERA NI BESTIA NI HUMANO, ERA UNA COMBINACION DE AMBAS. ELLA ESTABA CONSIENTE DE QUE EL ERA DIFERENTE A LOS DEMAS PERO AL FIN DE CUENTAS ERA SU HIJO.
SIN EMBARGO NO TODOS PENSABAN DE LA MISMA FORMA, POR UN LADO EN LA ALDEAN LE TEMIAN, YA QUE PENSABAN QUE PODIAN LASTIMARLOS, Y LAS BESTIAS NO LO CONSIDERABAN DIGNO, YA QUE NO ENIA SANGRE PURA. EL NIÑO ESTABA CONSIENE DE SU CONDICION PERO SE SENTIA PROTEGIDO X SU MADRE, QUIEN LO AMABA. PERO NO TODO ES PARA SIEMPRE, YA QUE AL PASAR LOA AÑOS SU MADRE FALLECIO.
PERO ESTE ACONTECIMIENTO FUE EL PREIMERO QUE MARCARIA UNA VIDA LLENA DE DOLOR Y TEMOR, YA QUE UNO DE SUS HERMANOS, EL MAYOR QUE ERA UN MOSNTRUO DE SANGRE PURA DECIDIO ACABAR CON SUS HERMANOS QUE EL CONSIDERABA BASTARDOS. DESPUES DE TERMINAR CON LA VIDA DEL HERMANO PEQUEÑO FUE EN BUSQUEDA DEL HIBRIDO CON LA INTENCION DE MATARLO, SIN EMBARGO EL HIBRIDO SE DIRIGIO A LA TUMBA DE SU PADREE HIZO UNA ESPADA CON UNO DE LOS COLMILLOS DE SU PADRE PARA PROTEGERSE DE SU HERMANO.
EL HIBRIDO PUDO ENFRENTARSE A SU HERMANO PERO AMBOS QUEDARON MUY LASTIMADOS, LLEGANDO A QUEDAR INCONSIENTES.
PERO POR ARTE DE MAGIA, EL HERMANO AL DESPERTAR TENIA FORMA DE HUMANO. EL HIBRIDO CON SU NUEVA APARIENCIA FUE DESCUBIERTO POR UNA BELLA CHICA, CON QUIEN SE DIO EL AMOR A PRIMERA VISTA, DICHO FLECHAZO FUE TAN FUERTE QUE SIN PENSARLO MUCHO DECIDIERON CASARSE Y JURARSE AMOR ETERNO.
PERO LA FELICIDAD DEL HIBRIDO FUE MINADA POR EL MISMO, YA QUE DIAS DSPUES DE LA BODA DECIDIO LLEVARLA AL BOSQUE PARA MOSTRARSE TAL COMO ERA, MITAD DEMONIO Y MITAD HUMANO. SIN EMBARGO LAS COSAS NO SALIERON COMO EL ESPERABA, YA QUE SU ESPOSA AL VER SU VERDADERA APARIENCIA, NO SUPO QUE HACER A PRIMERA INSTANCIA, PERO DESPUES LLENA DE TEMOR Y HORROR, TOMO UNA ESTACA Y LA CLAVO EN EL CORAZON DE SU AMADO, DEJANDOLO UNIDO AL ROBLE MAS GRANDE DEL LUGAR. DESPUES DE TAN ABERRANTE SITUACION, LA MUJER SE QUITO LA VIDA, CON LA FIRME IDEA DE QUE CUANDO LLEGASEN A REENCARNAR, SE ENCONTRARIAN DE NUEVO Y SERIAN FELICES.
Y SI CREES QUE ESTO ES TRAGICO, AUN HAY MAS TRISTEZA, YA QUE LA MUJER IGNORABA QUE EL ALMA DE ESA CRIATURA HABIA SIDO SELLADA JUNTO CON SU CUERPO AL ARBOL, POR LO QUE NUNCA PUDIERON ESTRA JUNTOS OTRA VEZ.
En los árboles del huerto
En los árboles del huerto
hay un ruiseñor:
Canta de noche y de día
canta a la luna y al sol.
Ronco de cantar
al huerto vendrá la niña
y una rosa cortará.
Entre las negras encinas
hay una fuente de piedra
y un cantarillo de barro
que nunca se llena.
Por el encinar
con la luna blanca
ella volverá.
ANTONIO MACHADO
hay un ruiseñor:
Canta de noche y de día
canta a la luna y al sol.
Ronco de cantar
al huerto vendrá la niña
y una rosa cortará.
Entre las negras encinas
hay una fuente de piedra
y un cantarillo de barro
que nunca se llena.
Por el encinar
con la luna blanca
ella volverá.
ANTONIO MACHADO
Poema del árbol
Árbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento,
sobre una gran alfombra de hojarasca
que removía indiferente el viento…
Hoy he visto en tus ramas la primera
hoja verde, mojada de rocío,
como un regalo de la primavera,
buen árbol del estío.
Y en esa verde punta
que está brotando en ti de no sé dónde,
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me responde.
Sí, buen árbol; ya he visto como truecas
el fango en flor, y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.
Y así también un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.
No; tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
Soñaré en otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.
Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto te recuerde,
cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde…
Antonio Machado
te erguiste en desnudez y desaliento,
sobre una gran alfombra de hojarasca
que removía indiferente el viento…
Hoy he visto en tus ramas la primera
hoja verde, mojada de rocío,
como un regalo de la primavera,
buen árbol del estío.
Y en esa verde punta
que está brotando en ti de no sé dónde,
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me responde.
Sí, buen árbol; ya he visto como truecas
el fango en flor, y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.
Y así también un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.
No; tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
Soñaré en otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.
Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto te recuerde,
cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde…
Antonio Machado
Fábula de los pájaros sin árbol
Un hombre necio renegaba de un árbol de su patio que no daba frutos agradables ni comestibles. Le contrariaba que todos sus vecinos tuvieran en sus parcelas árboles de exquisitos frutos y no él.
Un día decidió cortar el árbol con un hacha, argumentando que aquél no servía para nada. Cuando dio el primer hachazo, volaron todos los pájaros que anidaban en sus ramas. Entonces el árbol le habló suplicante:
“No me cortes. Debes de saber que mis frutos, aunque no te gusten, son el alimento de muchos pájaros que viven en mis ramas. No puedes exigir al cardo que te dé uvas, ni al hombre amargado que dé amor, ni al tonto que sea inteligente. Acepta al mundo tal cual es...”
¡Creo que ya es muy tarde!, contestó consternado el hachador por lo que había hecho. Te he dado un golpe mortal. El árbol cayó, y con él, todos sus sueños y sus nidos.
Después de aquello, los pájaros ya no volvieron. El hombre necio descubrió que su corazón era como aquel árbol que su hacha acababa de derribar. Entonces lloró de arrepentimiento, de haber cortado su propio corazón.
Desde entonces en la llanura crecen árboles sin pájaros, como en el alma sueños sin alas, humanos árboles sin frutos ni amor...
Carlos Balaguer
Un día decidió cortar el árbol con un hacha, argumentando que aquél no servía para nada. Cuando dio el primer hachazo, volaron todos los pájaros que anidaban en sus ramas. Entonces el árbol le habló suplicante:
“No me cortes. Debes de saber que mis frutos, aunque no te gusten, son el alimento de muchos pájaros que viven en mis ramas. No puedes exigir al cardo que te dé uvas, ni al hombre amargado que dé amor, ni al tonto que sea inteligente. Acepta al mundo tal cual es...”
¡Creo que ya es muy tarde!, contestó consternado el hachador por lo que había hecho. Te he dado un golpe mortal. El árbol cayó, y con él, todos sus sueños y sus nidos.
Después de aquello, los pájaros ya no volvieron. El hombre necio descubrió que su corazón era como aquel árbol que su hacha acababa de derribar. Entonces lloró de arrepentimiento, de haber cortado su propio corazón.
Desde entonces en la llanura crecen árboles sin pájaros, como en el alma sueños sin alas, humanos árboles sin frutos ni amor...
Carlos Balaguer
El Anciano y los tres Jóvenes
Hallábase plantando árboles un viejo de ochenta años. Y tres jovenzuelos de la vecindad le decían:
-¡Pase que construyera una choza; pero plantar a esta edad! Porque, en nombre de los dioses, ¿podéis decirnos qué fruto esperáis recoger de vuestro trabajo? ¡Tendríais que vivir tanto como un patriarca! ¿Para qué cargáis lo que os resta de vida con los cuidados de un mañana que no veréis? Ya no debéis meditar sino en vuestros yerros pasados. Abandonad las esperanzas ambiciosas y los vastos pensamientos. Nada de esto os conviene.
-Es a vosotros a quien esto no conviene- replicó el anciano-. Toda humana empresas viene tarde y dura poco. La mano de las pálidas Parcas se ríe de vuestros días y de los míos. Iguales por su brevedad son nuestras vidas. ¿Quién gozará de nosotros las últimas luces de la bóveda azul? ¿Hay algún momento en que podáis contar con el minuto siguiente? Mis tataranietos me agradecerán esta sombra. ¿Es que podéis prohibir al hombre cuerdo que se tome fatigas por el placer ajeno? He aquí un fruto del que gozo hoy, del que podré gozar mañana y muchos días aún. En fin, todavía podré contar la aurora más de una vez sobre vuestras tumbas.
El anciano tuvo razón. Uno de los tres jovenzuelos se ahogó en el mismo puerto al partir para América; el segundo, ansioso de alcanzar las grandes dignidades, halló en el empleo de Marte un golpe imprevisto que le arrebató sus días; el tercero, cayó de un árbol cuando se hallaba podándolo. Y el anciano, luego de llorar a los tres, grabó en su mármol lo que acabo de contaros.
La Fontaine
-¡Pase que construyera una choza; pero plantar a esta edad! Porque, en nombre de los dioses, ¿podéis decirnos qué fruto esperáis recoger de vuestro trabajo? ¡Tendríais que vivir tanto como un patriarca! ¿Para qué cargáis lo que os resta de vida con los cuidados de un mañana que no veréis? Ya no debéis meditar sino en vuestros yerros pasados. Abandonad las esperanzas ambiciosas y los vastos pensamientos. Nada de esto os conviene.
-Es a vosotros a quien esto no conviene- replicó el anciano-. Toda humana empresas viene tarde y dura poco. La mano de las pálidas Parcas se ríe de vuestros días y de los míos. Iguales por su brevedad son nuestras vidas. ¿Quién gozará de nosotros las últimas luces de la bóveda azul? ¿Hay algún momento en que podáis contar con el minuto siguiente? Mis tataranietos me agradecerán esta sombra. ¿Es que podéis prohibir al hombre cuerdo que se tome fatigas por el placer ajeno? He aquí un fruto del que gozo hoy, del que podré gozar mañana y muchos días aún. En fin, todavía podré contar la aurora más de una vez sobre vuestras tumbas.
El anciano tuvo razón. Uno de los tres jovenzuelos se ahogó en el mismo puerto al partir para América; el segundo, ansioso de alcanzar las grandes dignidades, halló en el empleo de Marte un golpe imprevisto que le arrebató sus días; el tercero, cayó de un árbol cuando se hallaba podándolo. Y el anciano, luego de llorar a los tres, grabó en su mármol lo que acabo de contaros.
La Fontaine
Las metamorfosis de Piktor
El joven Piktor ha entrado en el Paraíso y se encuentra frente a un árbol que es a la vez hombre y mujer. Con veneración lo mira y le pregunta: “¿Eres tú acaso el Árbol de la Vida?” Pero cuando, en lugar del árbol, le responde la Serpiente, Piktor se vuelve para continuar su camino. Contempla todo con atención y todo le encanta en el Paraíso. Claramente presiente que se halla en el origen, en la fuente de la vida. Ve otro árbol, que es ahora al mismo tiempo Sol y Luna. Y Piktor le pregunta: “¿Eres acaso tú el Árbol de la Vida?” El Sol lo confirmó riendo; la Luna, con una sonrisa.
Flores maravillosas le contemplaron, flores de variados colores, flores que tenían ojos y caras. Algunas reían ampliamente, otras casquivanas; algunas ni se movían ni reían, permanecían mudas, ebrias, hundidas en sí mismas, envueltas en su propio perfume, como sofocadas. Una flor le cantó la canción de las lilas; otra, una canción de cuna azul oscura. Una flor tenía los ojos como un zafiro duro; otra le recordó su primer amor; otra, el color del jardín de su niñez, la voz de su madre y su perfume. Esta se rió, aquélla le sacó la lengua, una lengüita curva, rosada, que se le aproximó. Piktor extendió la suya para tocarla. Le encontró un sabor agrio y salvaje, a racimo y a miel y también como al beso de una mujer.
Aquí, entre todas estas flores, Piktor se sintió henchido de nostalgia y temeroso. Su corazón latió fuerte, como una campana, quemándose, tendiendo hacia algo desconocido.
Piktor vio ahora un pájaro reclinado en el pasto, refulgiendo de tal suerte que parecía poseer todos los colores.
Y Piktor le preguntó: - ¡Oh pájaro! ¿Dónde se encuentra la felicidad?- ¿La felicidad? Se encuentra en todas partes: en la montaña y en el valle, en la flor y en el cristal.El pájaro sacudió alegre sus plumas, movió el cuello, agitó la cola, guiñó un ojo y se quedó inmóvil sobre el pasto. Repentinamente se había transformado en una flor, las plumas eran hojas, las patas raíces. Piktor lo contempló maravillado.
Pero casi enseguida, la flor-pájaro movió sus hojas; se había cansado de ser flor y ya no tenía más raíces. Proyectándose lánguidamente hacia arriba, se transformaba en mariposa, meciéndose sin peso, toda luz.
Piktor se maravillaba aún más. El alegre pájaro-flor-mariposa voló en círculos en torno de él, brillando como el sol; se deslizó hacia la tierra y, como un copo de nieve, quedóse allí, junto a los pies de Piktor. Respiró, tembló un poco con sus alas luminosas y, de inmediato, se transformó en cristal, de cuyos cantos irradiaba una luz rojiza. Maravillosamente brilló entre la hierba, como campanas que tocan para una fiesta.
Así brilló la joya.
Mas parecía ya que su fin se acercaba, que la tierra la atraía, y la piedra preciosa fue disminuyendo con rapidez, como si quisiera hundirse bajo la hierba.
Entonces Piktor, llevado por un deseo imperioso, tomó la joya entre sus manos y la retuvo. Con fervor miró su luz mágica; traspasaba su corazón una añoranza por todas las venturas.
Fue en ese instante que de la rama de un árbol muerto se deslizó la Serpiente y le susurró al oído: “La joya se transforma en lo que tú quieras. Comunícale rápido tu deseo, antes que sea tarde”.
Piktor temió perder la oportunidad de alcanzar su felicidad. Con premura dijo la secreta palabra.
Y se transformó en un árbol. Porque árbol era lo que Piktor siempre había añorado ser. Porque los árboles están llenos de calma, fuerza y dignidad.
Creció hundiendo sus raíces en la tierra y extendiendo su copa hacia el cielo. Hojas y ramas nuevas surgieron de su tronco. Era feliz con ello. Sus raíces sedientas absorbieron el agua de la tierra, mientras las hojas se mecían en el azul del cielo. Insectos vivían en su corteza y a sus pies se cobijaron las liebres y el puerco espín.
En el Paraíso, alrededor suyo, la mayoría de los seres y las cosas se transformaban en la corriente hechizada de las metamorfosis. Vio fieras que se cambiaron en piedras preciosas o que partieron volando como pájaros radiantes. Junto a sí, varios árboles desaparecieron de improviso; se habían vuelto vertientes; uno se hizo cocodrilo, otro se fue nadando, lleno de gozo, transformado en pez. Nuevas formas, nuevos juegos. Elefantes trasmutaron sus vestidos en rocas, jirafas se convirtieron en monstruosas flores.
Pero él, el Árbol-Piktor, siempre se quedó igual; no podía transformarse más.
Desde que se dio cuenta de ello, desapareció su felicidad y, poco a poco, comenzó a envejecer, tomando el aspecto cansado, serio y ausente que se puede observar en muchos árboles antiguos.
También los caballos y los pájaros, también los seres humanos y todas aquellas criaturas que han perdido el don de la renovación, se descomponen con el tiempo, pierden su belleza, se llenan de tristeza y preocupación.
Una vez, una niña muy joven se perdió en el Paraíso. Su pelo era rubio y su traje, azul. Cantando y bailando, llegó junto al Árbol-Piktor. Más de un mono inteligente se rió destemplado detrás de ella; más de un arbusto le rozó el cuerpo con sus ramas; más de un árbol le arrojó una flor o una manzana, sin que ella lo notase. Y cuando el Árbol-Piktor vio a la niña, fue presa de una desconocida nostalgia, de un inmenso deseo de felicidad. Sentía como si su propia sangre le gritara: “¡Reflexiona, recuerda hoy toda tu vida, descubre su sentido! Si no lo haces, será ya tarde y nunca más vendrá la felicidad.”
Y Piktor obedeció. Recordó su pasado, sus años de hombre, su partida hacia el Paraíso y, en especial, aquel momento que precedió a su transformación en árbol, aquel maravilloso instante cuando aprisionara la joya mágica entre sus manos. En aquel entonces, como todas las metamorfosis le eran posibles, la vida latía poderosamente dentro de él. Se acordó del pájaro que había reído y del árbol Sol y Luna. Le pareció descubrir que entonces olvidó algo, dejó de hacer alguna cosa y que el consejo de la Serpiente le había sido fatal.
La niña escuchó el ulular de las hojas del Árbol-Piktor, moviéndose en marejadas. Miró a lo alto y sintió como un dolor en el corazón. Pensamientos, deseos y sueños desconocidos se agitaron en su interior. Atraída por estas fuerzas, se sentó a la sombra de las ramas. Creyó intuir que el árbol era solitario y triste, al mismo tiempo que emocionante y noble en su total aislamiento. Embriagadora sonaba la canción de los murmullos en su copa. La niña se reclinó sobre el tronco áspero, sintió como se conmovía y un estremecimiento igual la recorrió. Sobre el cielo de su alma cruzaron nubes. Lentamente cayeron de sus ojos lágrimas pesadas. ¿Qué era esto? ¿Por qué el corazón deseaba hasta casi romper el pecho, tendiendo hacia un más allá, hacia aquél, el bello solitario?
El Árbol-Piktor tembló hasta sus raíces, con vehemencia acumuló todas las fuerzas de su vida, dirigiéndolas hacia la niña en un deseo de unirse a ella para siempre. ¡Ay, que se había dejado engañar por la Serpiente y era ahora sólo un árbol! ¡Qué ciego y necio había sido! ¿Tan extraño para él fue el secreto de la vida? ¡No, porque algo había presentido oscuramente entonces! Y con enorme tristeza recordó al árbol que era hombre y mujer.
Entonces un pájaro se aproximó volando en círculos, un pájaro rojo y verde. La niña lo vio llegar. Algo cayó de su pico. Luminoso como un rayo, rojo como la sangre o como una brasa, precipitándose en la hierba, iluminándola. La niña se inclinó para recogerlo. Era un carbúnculo, una piedra preciosa.
Apenas tomó la piedra en sus manos, cumplióse el deseo del cual su corazón hallábase colmado. Extasiada, fundióse e hízose una con el árbol, transformándose en una fuerte rama nueva, que creció con rapidez hacia los cielos.
Ahora todo era perfecto y el mundo estaba en orden. Únicamente en este instante se había hallado el Paraíso. Piktor ya no era más un árbol viejo y preocupado. Y Piktor cantó fuerte, en voz alta: “¡Piktoria! ¡Victoria!” Se había transformado, pero alcanzando la verdad en la eterna metamorfosis; porque de un medio se había cambiado en un entero. De ahora en adelante podría transformarse tanto como lo deseara. Para siempre deslizóse por su sangre la corriente hechizada de la Creación, tomando así parte, eternamente, en la creación que a cada instante se renueva. Fue venado, pez, hombre y serpiente, nube y pájaro; pero en cada forma se hallaba entero, en cada imagen era una pareja, dentro de sí tenía al Sol y a la Luna, era hombre y era mujer. Como río gemelo deslizábase por los países; como estrella doble, en el alto cielo.
Hermann Hesse
Flores maravillosas le contemplaron, flores de variados colores, flores que tenían ojos y caras. Algunas reían ampliamente, otras casquivanas; algunas ni se movían ni reían, permanecían mudas, ebrias, hundidas en sí mismas, envueltas en su propio perfume, como sofocadas. Una flor le cantó la canción de las lilas; otra, una canción de cuna azul oscura. Una flor tenía los ojos como un zafiro duro; otra le recordó su primer amor; otra, el color del jardín de su niñez, la voz de su madre y su perfume. Esta se rió, aquélla le sacó la lengua, una lengüita curva, rosada, que se le aproximó. Piktor extendió la suya para tocarla. Le encontró un sabor agrio y salvaje, a racimo y a miel y también como al beso de una mujer.
Aquí, entre todas estas flores, Piktor se sintió henchido de nostalgia y temeroso. Su corazón latió fuerte, como una campana, quemándose, tendiendo hacia algo desconocido.
Piktor vio ahora un pájaro reclinado en el pasto, refulgiendo de tal suerte que parecía poseer todos los colores.
Y Piktor le preguntó: - ¡Oh pájaro! ¿Dónde se encuentra la felicidad?- ¿La felicidad? Se encuentra en todas partes: en la montaña y en el valle, en la flor y en el cristal.El pájaro sacudió alegre sus plumas, movió el cuello, agitó la cola, guiñó un ojo y se quedó inmóvil sobre el pasto. Repentinamente se había transformado en una flor, las plumas eran hojas, las patas raíces. Piktor lo contempló maravillado.
Pero casi enseguida, la flor-pájaro movió sus hojas; se había cansado de ser flor y ya no tenía más raíces. Proyectándose lánguidamente hacia arriba, se transformaba en mariposa, meciéndose sin peso, toda luz.
Piktor se maravillaba aún más. El alegre pájaro-flor-mariposa voló en círculos en torno de él, brillando como el sol; se deslizó hacia la tierra y, como un copo de nieve, quedóse allí, junto a los pies de Piktor. Respiró, tembló un poco con sus alas luminosas y, de inmediato, se transformó en cristal, de cuyos cantos irradiaba una luz rojiza. Maravillosamente brilló entre la hierba, como campanas que tocan para una fiesta.
Así brilló la joya.
Mas parecía ya que su fin se acercaba, que la tierra la atraía, y la piedra preciosa fue disminuyendo con rapidez, como si quisiera hundirse bajo la hierba.
Entonces Piktor, llevado por un deseo imperioso, tomó la joya entre sus manos y la retuvo. Con fervor miró su luz mágica; traspasaba su corazón una añoranza por todas las venturas.
Fue en ese instante que de la rama de un árbol muerto se deslizó la Serpiente y le susurró al oído: “La joya se transforma en lo que tú quieras. Comunícale rápido tu deseo, antes que sea tarde”.
Piktor temió perder la oportunidad de alcanzar su felicidad. Con premura dijo la secreta palabra.
Y se transformó en un árbol. Porque árbol era lo que Piktor siempre había añorado ser. Porque los árboles están llenos de calma, fuerza y dignidad.
Creció hundiendo sus raíces en la tierra y extendiendo su copa hacia el cielo. Hojas y ramas nuevas surgieron de su tronco. Era feliz con ello. Sus raíces sedientas absorbieron el agua de la tierra, mientras las hojas se mecían en el azul del cielo. Insectos vivían en su corteza y a sus pies se cobijaron las liebres y el puerco espín.
En el Paraíso, alrededor suyo, la mayoría de los seres y las cosas se transformaban en la corriente hechizada de las metamorfosis. Vio fieras que se cambiaron en piedras preciosas o que partieron volando como pájaros radiantes. Junto a sí, varios árboles desaparecieron de improviso; se habían vuelto vertientes; uno se hizo cocodrilo, otro se fue nadando, lleno de gozo, transformado en pez. Nuevas formas, nuevos juegos. Elefantes trasmutaron sus vestidos en rocas, jirafas se convirtieron en monstruosas flores.
Pero él, el Árbol-Piktor, siempre se quedó igual; no podía transformarse más.
Desde que se dio cuenta de ello, desapareció su felicidad y, poco a poco, comenzó a envejecer, tomando el aspecto cansado, serio y ausente que se puede observar en muchos árboles antiguos.
También los caballos y los pájaros, también los seres humanos y todas aquellas criaturas que han perdido el don de la renovación, se descomponen con el tiempo, pierden su belleza, se llenan de tristeza y preocupación.
Una vez, una niña muy joven se perdió en el Paraíso. Su pelo era rubio y su traje, azul. Cantando y bailando, llegó junto al Árbol-Piktor. Más de un mono inteligente se rió destemplado detrás de ella; más de un arbusto le rozó el cuerpo con sus ramas; más de un árbol le arrojó una flor o una manzana, sin que ella lo notase. Y cuando el Árbol-Piktor vio a la niña, fue presa de una desconocida nostalgia, de un inmenso deseo de felicidad. Sentía como si su propia sangre le gritara: “¡Reflexiona, recuerda hoy toda tu vida, descubre su sentido! Si no lo haces, será ya tarde y nunca más vendrá la felicidad.”
Y Piktor obedeció. Recordó su pasado, sus años de hombre, su partida hacia el Paraíso y, en especial, aquel momento que precedió a su transformación en árbol, aquel maravilloso instante cuando aprisionara la joya mágica entre sus manos. En aquel entonces, como todas las metamorfosis le eran posibles, la vida latía poderosamente dentro de él. Se acordó del pájaro que había reído y del árbol Sol y Luna. Le pareció descubrir que entonces olvidó algo, dejó de hacer alguna cosa y que el consejo de la Serpiente le había sido fatal.
La niña escuchó el ulular de las hojas del Árbol-Piktor, moviéndose en marejadas. Miró a lo alto y sintió como un dolor en el corazón. Pensamientos, deseos y sueños desconocidos se agitaron en su interior. Atraída por estas fuerzas, se sentó a la sombra de las ramas. Creyó intuir que el árbol era solitario y triste, al mismo tiempo que emocionante y noble en su total aislamiento. Embriagadora sonaba la canción de los murmullos en su copa. La niña se reclinó sobre el tronco áspero, sintió como se conmovía y un estremecimiento igual la recorrió. Sobre el cielo de su alma cruzaron nubes. Lentamente cayeron de sus ojos lágrimas pesadas. ¿Qué era esto? ¿Por qué el corazón deseaba hasta casi romper el pecho, tendiendo hacia un más allá, hacia aquél, el bello solitario?
El Árbol-Piktor tembló hasta sus raíces, con vehemencia acumuló todas las fuerzas de su vida, dirigiéndolas hacia la niña en un deseo de unirse a ella para siempre. ¡Ay, que se había dejado engañar por la Serpiente y era ahora sólo un árbol! ¡Qué ciego y necio había sido! ¿Tan extraño para él fue el secreto de la vida? ¡No, porque algo había presentido oscuramente entonces! Y con enorme tristeza recordó al árbol que era hombre y mujer.
Entonces un pájaro se aproximó volando en círculos, un pájaro rojo y verde. La niña lo vio llegar. Algo cayó de su pico. Luminoso como un rayo, rojo como la sangre o como una brasa, precipitándose en la hierba, iluminándola. La niña se inclinó para recogerlo. Era un carbúnculo, una piedra preciosa.
Apenas tomó la piedra en sus manos, cumplióse el deseo del cual su corazón hallábase colmado. Extasiada, fundióse e hízose una con el árbol, transformándose en una fuerte rama nueva, que creció con rapidez hacia los cielos.
Ahora todo era perfecto y el mundo estaba en orden. Únicamente en este instante se había hallado el Paraíso. Piktor ya no era más un árbol viejo y preocupado. Y Piktor cantó fuerte, en voz alta: “¡Piktoria! ¡Victoria!” Se había transformado, pero alcanzando la verdad en la eterna metamorfosis; porque de un medio se había cambiado en un entero. De ahora en adelante podría transformarse tanto como lo deseara. Para siempre deslizóse por su sangre la corriente hechizada de la Creación, tomando así parte, eternamente, en la creación que a cada instante se renueva. Fue venado, pez, hombre y serpiente, nube y pájaro; pero en cada forma se hallaba entero, en cada imagen era una pareja, dentro de sí tenía al Sol y a la Luna, era hombre y era mujer. Como río gemelo deslizábase por los países; como estrella doble, en el alto cielo.
Hermann Hesse
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